FLAMENCA
Encorsetada en el
autobús me encontré inmersa en una conversación entre una señora mayor y una
pareja de jubilados. En la incomodidad de un trayecto abarrotado, intentando
esquivar la claustrofobia del momento, me vi integrada en la historia,
produciendo en mí una sonrisa y sobre todo haciéndome huir de mi angustia.
La susodicha “señora
mayor” era una abuela catalana que iba describiendo a la pareja de jubilados
los hijos y los nietos que tenía. Los enumeraba uno a uno: nombre, edad y características
generales.
En su recital
genealógico llegó a su nieta de siete años. Una niña muy avispada y abierta,
con inquietudes muy variopintas. Entre ellas destacaba una que a la abuela le
pareció muy divertida, aunque no tanto al padre de la criatura. Resulta que la
pequeña pidió para reyes un vestido de flamenca. (La cosa empezó a interesarme
y me olvidé de la falta de oxígeno). Pero el padre resultó ser un señor muy
serio, profesor de catalán e independentista acérrimo (palabras literales de la
abuela). Ante semejante petición el padre se negó rotundamente. ¡Cómo iba a ir
vestida de española con lunares!. Como alternativa le ofreció un disfraz de
caperucita roja (un poco aburrido la verdad, es lo primero que pensé).
La niña le
respondió: ¡No papa, jo vull un vestit de flamenca. Es que jo em sento
flamenca!.
Genial!. No quería un vestido de flamenca, es que se
sentía flamenca. ¿Realmente la pequeña sabía diferenciar entre “sentirse” y “querer”.
Por lo visto sí, porque llegó el día de Reyes y el padre le regaló el anticuado
disfraz de caperucita y la abuela, como no podía ser de otra manera, le regaló
el vestido de flamenca con sus respectivos zapatos de tacón coloraos.
Qué alegría más
grande. Qué lunares más bonitos. Qué felicidad!!!!
El padre no pudo
soportarlo y mostró su enfado a la abuela.
La niña se
dirigió a su padre y le volvió a decir: “Ho
sento molt papa, però has d’entendre que jo em sento flamenca”.
Y llegó mi parada
y bajé sonriendo. Qué niña más graciosa. Intentaba disculparse ante su padre de
un simple deseo, con el cual no hacía daño a nadie. Entonces entendí por qué
utilizó la forma verbal “em sento” y no el de querer “ jo vull”. Lo utilizó
aplicando los mismos argumentos que utilizaba su progenitor. Su padre era independentista porque no se
sentía español, cosa perfectamente respetable. Ella quería un vestido de
flamenca porque se sentía flamenca. Ante ese tipo de sentimiento nadie te puede
imponer nada. Ni España a su padre, ni su padre a ella.
Pero la anécdota
en sí dice mucho del escenario. Triste momento llegar a esta situación. ¿Qué
diferencia hay entre un disfraz de flamenca y uno de hawaiana?. Los disfraces
son sólo disfraces para romper el entorno, para ser algo que nunca eres, o para
ir como te sale de la nariz.
Hacer sentir a
una niña culpable por querer un disfraz de española (en realidad andaluza) es
tan sectario como no querer que compres cava porque es catalán.
Y esta es la
situación. España ha tensado tanto la cuerda que en Cataluña la han roto.
Cómo me gustaría
una España donde todas nuestras diferencias fueran respetadas. España no lo ha
hecho bien. No han respetado algo tan sencillo como “sentirse catalán”. No ha
respetado que una cultura y una lengua no se pueden pisotear. Y en vez de
aplicar la tolerancia y la inteligencia, donde sentirse primero catalán no era
incompatible con formar parte de España como conjunto de culturas ricas y
diferentes, se ha aplicado el cerrojo y el dogmatismo.
Y ante un dogmatismo centralista surge un nacionalismo
dogmático. Pobre España!!!!.
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