Siempre me ha sorprendido el olvido al que ha sido sometido el anarquismo en la historia. Pero silenciar la importancia que este movimiento social e ideológico ha tenido en España y más concretamente en Cataluña no es fácil. Hay que hacerlo muy bien.
Para poneros un poco en antecedente, sólo hay que decir que en el entierro de Buenaventura Durruti (anarquista madrileño) que murió en Madrid defendiendo España del fascismo en 1936, fue trasladado a a Barcelona, y aquí cerca de un millón de barceloneses, sí, un millón de personas le acompañaron por las calles de Barcelona hasta el cementerio de Montjuic.
En los años treinta en Cataluña había unos trescientos mil afiliados a la CNT. Es un número impresionante. Si en vez de hablar de anarquistas hubieran sido cualquier otra cosa, hubieran tenido un lugar privilegiado en la historia de Cataluña. Incomprensiblemente no ha sido así. De hecho la herencia cultural que hemos recibido no tiene nada que ver con los hechos. Si todo el mundo parece saber del multitudinario sepelio de Manolete, no creo que suceda lo mismo si preguntamos por el entierro de Durruti y su millón de acompañantes.
Xavier Diez en "Venjança de classe" nos encamina con mucha claridad en los mecanismos que llevan a la historiografía a obviar la trascendencia de un movimiento al que se le ha identificado con violencia y terrorismo.
El texto es una entrada plácida al mundo del anarquismo de los años treinta. El anarquismo es un movimiento ideológico arraigado muy profundamente en el mundo sindical, que da respuesta a una época donde las diferencias sociales eran atroces. Barcelona era una ciudad donde las clases acomodadas literalmente abusaban sin ningún tipo de pudor de la clase trabajadora. Xavier Diez nos lleva de la mano para mostrarnos una sociedad brutalmente dividida entre los desamparados y la burguesía, donde no hay posibilidad de escolarizarse, donde los alquileres de la vivienda son inviables y donde los obreros de las fábricas son explotados vilmente. No son adjetivos tópicos, son adjetivos reales de una etapa histórica real.
El anarquismo busca y ofrece una alternativa al "no future". Es una alternativa que consiste en una concienciación del sentido socio-político de cada grupo. Saber quién somos y por qué es un paso previo a una respuesta.. Se ofrece una alternativa a la educación que las instituciones y la iglesia se niegan a ofrecer. Para ello se crean ateneos libertarios, escuelas racionalistas, con un sistema libre y solidario, en el que se aprende cultura general, naturaleza, política, filosofía e incluso el esperanto cuyo objetivo es tener un idioma universal. Todo ello fruto del absoluto convencimiento de que la educación proporcionará la libertad que las oligarquías rechazan. En las crónicas periodísticas de la época la imagen prototipo de un anarquista, era la de un joven obrero con un libro en la mano.
Se rompe con los dogmas religiosos y la opresión de la iglesia, y se opta por la libertad sexual y la igualdad entre sexos. Se plantean unas relaciones laborales sin categorías, basándose en un sistema cooperativista, colectivista y asambleario. El anarquista busca el bien común. Se distancia de los nacionalismos siempre excluyentes. Se busca una alternativa al mundo gris que les envuelve, Lamentablemente llegarán acontecimientos cruentos y expresiones violentas que sucumben a las ideas. Xavier Diez os situará en el punto exacto donde la violencia (siempre reprochable) aflora.
Ese millón de personas que acompañaba a Durruti, esos trescientos mil afiliados ¿eran todos viles asesinos? ¿terroristas y malvados?. Con decir que sí basta, Con identificar anarquía a determinados acontecimientos violentos es suficiente. El mundo anarquista tuvo sus episodios violentos como los tuvieron los patronos cuando pagaban a pistoleros para eliminar sindicalistas.
El anarquismo fue mucho más. Dio esperanza, alternativa, educación y modernidad a millones de obreros olvidados, Y no sólo lo integraban exiliados del campo español, no todos eran "murcianos", muchos eran catalanes defensores de unas ideas de unión, de autogestión y de solidaridad, Recuerdo cuando acompañé a mi hija a visitar a una anciana de 96 años a un asilo de la Barceloneta, Concha Pérez, una anarquista de las Corts que con una dulzura increíble y una sabiduría fresca y limpia, defendía los valores del anarquismo como algo digno y sobretodo moderno, muy moderno para la mente y para el cuerpo.
Tengo la sensación que el nacionalismo actual me está vendiendo los intereses de los poderosos de entonces. Aluden acontecimientos históricos propios de un nacionalismo rancio (todo nacionalismo tiene su batalla standar a la que idolatrar), pero entre 1714 y 2014 hubieron muchos anarquistas, muchos utópicos que eran catalanes. Los otros catalanes, a los que no veo representados.
Me proponen un nuevo mundo desde este, escrito, organizado y planteado por la misma burguesía que ahogaba a los trabajadores de entonces.
No os perdáis esta lectura.