miércoles, 4 de febrero de 2015
ELA
"La asesina en serie" como la califica Carlos Matallanas cada semana en El Confidencial.
Con una dulzura y una templanza inexplicable, Carlos va narrando cada semana la evolución de su enfermedad. Al principio no podía leerlo. Me veía incapaz de concentrarme a lo que sabía que iba a encontrar.
Me equivoqué. Carlos te adentra en esta tenebrosa realidad poco a poco, desdramatizando, pero advirtiéndote siempre que es "una asesina en serie" que puede llamar a tu puerta cuando menos te lo esperas. Simplemente nos prepara, nos avisa y clama al mundo "investigación". No sé si los laboratorios, los presupuestos en investigación, los ministerios de sanidad escuchan. Seguro que dos cremas anti-estrías dan más beneficios que un posible tratamiento posterior a una investigación profunda y económicamente bien dotada.
Yo la llamo "hija de puta". No sé por qué, pero desde que se la diagnosticaron a mi padre y descubrí en qué consistía hablaba con ella (con la esclerosis lateral amiotrófica) dirigiéndome a ella de esta forma. Y todavía hoy lo hago.
Y es curioso, porque Carlos la llama asesina como si le diera una forma antropomórfica, como si alguien estuviera detrás de ella, un malvado ser que inventó la peor muerte. Y yo la llamo "hija de puta". También yo le di forma, la doté de personalidad.
Pero la entereza y el buen hacer de mi padre me conmovió. Nunca se quejó, sólo aceptó y se despidió con una sonrisa que no pudo reflejar porque estaba prisionero en su cuerpo, pero yo sé que la hizo.
Siento haber empezado con algo triste, pero por eso es una lectura voluntaria.
Hasta mañana amigos.
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